No es un sex-shop, es cultura sexual

Entre la calle Mesones y Alhóndiga, en Sierpe Baja, se encuentra un pequeño y novedoso rincón que despierta la curiosidad de muchos al pasar por su escaparate. “Me acerco a ti, sientes mi calor a tu lado. No te he rozado, pero notas mi presencia cercana, muy cercana. Voy a besarte”. Palabras que se leen en el cristal tras el cual se observan los libros, “¿una nueva librería?”, piensan algunos hasta que echan un vistazo general: “¿Condones? ¿Vibradores? Pero, ¿esto qué es?” Y atraídos por esa curiosidad que busca Ana López Talavera, una joven sexóloga de 30 años, entran a Punto T.

Ana López posa junto a su modesta librería erótica. :: R. R. G.

Para desconocimiento de la mayoría el Punto T es la parte del cuerpo que más placer le produce a cada uno independientemente de los genitales. Por eso Ana eligió ese nombre: “Está el Punto G en la mujer, el Punto P en el hombre, pero no quería diferenciar los géneros ni tampoco a heterosexuales de homosexuales. Y esa zona la poseemos y disfrutamos todos”.

La esencia de Punto T radica en normalizar la cultura sexual “porque todos estamos un poco pegados en este tema”, asegura Ana. Lejos de parecerse a un sex-shop, aunque también haya en sus estanterías vibradores, bolas chinas y demás artículos con los que jugar y disfrutar de las relaciones sexuales, la mejor forma de acercar esa cultura es a través de la literatura erótica acompañada por otros servicios como la terapia sexual tanto individual como en pareja.

El broche elegido por Ana para Punto T, el muro de los preservativos “necesarios para disfrutar de unas relaciones sexuales plenas”. La joven sexóloga comenzó a buscar decenas de condones de colores para componer el cuadro de resina que pesa “ciento y pico kilos” y reina en este rincón donde la sexualidad se vive como lo que es, algo “bonito, natural y placentero”.

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