El juego de la atracción sexual

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“Entre esos dos hay química”. Incontables son las veces que se ha usado esta expresión -o similares- al ver a dos personas que se sienten atraídas. No se trata de una frase hecha sin más. Cuando existe una atracción o tensión sexual entre dos, es el resultado de las “reacciones fisiológicas que experimentan sus cuerpos motivadas por una serie de cambios neuroquímicos que suceden en el cerebro”, explica la sexóloga Silvia Gómez (terapeuta sexual y de pareja).

Los sentidos juegan un papel relevante cuando se dispara esa chispa. Hipocresías aparte, en lo primero que se fija una persona cuando le echa el ojo a otra es en el físico, ya sea porque le parezca interesante o sexy, realizando un “análisis vertiginoso del rostro que hacemos de forma inconsciente”, afirma Silvia. “A su vez, la simetría de la cara está directamente relacionada con el atractivo sexual”.

El sentido del olfato resulta el factor más determinante. Al acercarse a esa persona, sin quitarse ojo el uno del otro, con esas miradas sensuales, parece que su olor hipnotizara, por su perfume o el aroma de la propia persona en cuestión. Los cuerpos desprenden un olor característico de cada cual, inapreciable en un primer momento, pero que nuestros sentidos sí logran captar. Esa fragancia que “desprendemos está impregnada de feromonas, unas sustancias químicas de significado sexual”, afirma la sexóloga.

Incluso el tono de su voz, que endulza el oído con la forma de hablar, el ritmo pausado adoptado en ese juego erótico de flirtear, y la gravedad de la misma intervienen en el proceso de atracción sexual. Los hombres y mujeres también encandilan por su silueta, su forma de moverse e incluso su forma de vestir, entrando aquí en juego “los condicionamientos sociales, como los cánones de belleza instaurados y que todos hemos interiorizado”.

Lo que más se desea tras el acercamiento es el contacto físico. Tocar la mano, acariar la cara, cogerle del brazo, agarrar con firmeza de la cintura, dejar rodar los dedos por el pecho y la espalda. El tacto es la estrella, el demandante de “la caricia corporal, del contacto y la eclosión de la excitación sexual” que suscita la química entre dos personas.

Todos los ingredientes preparados para divertirse en la cama. Pero la química no es una ciencia exacta porque “no garantiza nada”, apunta la sexóloga. Claro está que aporta la atracción y el deseo hacia esa persona con la que se ha establecido el primer contacto visual y físico, condicionantes para querer acostarse con alguien. Distinto es el éxito que se tenga en el encuentro sexual, según nos cuenta Silvia Gómez, porque congeniar con la persona en el arte erótico es otro cantar. Puede resultar que dos personas sean una bomba explosiva en la cama, que se entienden a la perfección; o que todo el tonteo previo caiga en saco roto: tener gustos diferentes, que haya tensión porque alguno no esté seguro de lo que realmente hace, que no tenga experiencia o incluso que la otra persona le proponga prácticas que no conoce. Que no le guste su aspecto o piense que no tiene hábitos higiénicos, entre otras muchas razones.

¿Será cierto ese dicho popular de que si una pareja no funciona en la cama es porque no están destinados a estar juntos? Sea la pareja de una noche o estable, se puede conectar dentro y fuera de la cama, solo en las relaciones sexuales o viceversa. Sostiene la sexóloga que en la mayoría de los casos esa situación “será pasajera puesto que los planos emocional y sexual tienden a relacionarse e influenciarse”.

En las relaciones sexuales intervienen muchos factores: la atracción, el grado de complicidad, la empatía, el respeto, la relajación, activar la mente “en clave erótica”, así como el contexto. Si salta la chispa, aparece esa química, sepa aprovecharla, déjese llevar si lo desea para disfrutar jugando con la imaginación y sin miedo a experimentar.

Recuerde, no deje de explorar.