Relato erótico I: La mujer desnuda y el lazo rojo

Dibujo de Antonio Carmona,  'Errata'.

Dibujo de Antonio Carmona, ‘Errata’.

Candela y sus dos amigas salieron a comer el sábado por Granada, concretamente al Serrallo Plaza. Las risas, los cotilleos y las confesiones se sucedían con los vinitos que acompañaron a las tapas. Y ya sabemos lo peligroso que puede llegar a ser tanta mujer junta. Una contaba su última experiencia sexual, que fue la noche del viernes: “El tío estaba buenísimo, un morenazo impresionante con su acento argentino que te dejaba embobada. Pero tía, qué desilusión en la cama, con la fama que tienen los argentinos de pasionales y el mío no aguantó ni dos asaltos, en cuanto él se quedó satisfecho, fin”.

Tras el tapeo, aprovecharon que estaban en el centro comercial para ir de tiendas. A Candela le hacía falta pasta de dientes y crema protectora para la cara, así que entraron a una perfumería. Los productos que necesitaba estaban al lado de la caja, cerca de los perfumes en oferta. Y cerca también de una sorpresa: una variada gama de juguetes sexuales.

– Chicas, ¡venid, venid! Mirad lo que he encontrado.

– “¡Sextoys que te harán vibrar”!

– “Nunca olvidarás tu primer toyfriend”.

– Joder, lo que ha hecho las ’50 sombras de Grey’, que te ponen todo esto al lado de las cremas antiarrugas.

Al principio se quedaron asombradas, nunca antes habían visto juguetes sexuales en una perfumería. Y aunque les daba un poco de corte, la curiosidad les empujó a observar los juguetes uno a uno: consoladores con orejas de conejito; la ‘pala azotitos’, por si “has sido mala, muuuuuuy mala”, reza en la pegatina del utensilio. Un patito vibrador con el que jugar en la bañera; una flor bondage para “desatar a la bestia”; y un simple y gran lazo rojo, entre otros muchos.

Mientras tanto el guardia de seguridad se olvidó de su función, vigilar la perfumería. El hombre que se escondía debajo del uniforme no paraba de mirarlas de arriba abajo, con intensidad, con cara de estar imaginándose lo que haría cada una de ellas con los juguetes eróticos. “Vámonos ya, que me está dando repelús este tío”. Todas se llevaron algunos de los productos ‘sextoy’. Y no cogieron más porque había alguna que otra familia con sus niños correteando por la tienda.

Candela se encaprichó del lazo rojo precisamente por su simpleza. Esa misma noche quedó con su ligue-novio desde hace dos años, se lo toman con calma. Un poco antes de que llegara su chico, Luis, dejó de preparar la cena. Había cambiado de opinión. Se metió en la habitación, se puso delante del espejo y bailó con la música que tarareaba ella misma. Comenzó a desnudarse moviendo su cuerpo: desabrochó los botones de su camisa hasta que cayó en el suelo. Se quitó la falda. Los tirantes del sujetador de encaje negro de deslizaron por su dorada piel, al igual que las braguitas. Toda la ropa quedó dispersa por la habitación. Apagó las luces, encendió unas velas que iluminaban su piel y su larga melena castaña. Sacó el lazo rojo de la caja, y se lo ató al cuello quedando uno de los extremos más largos rozando su cuerpo.

Candela se colocó desnuda, con su lazo rojo, tumbada de costado en el sofá del salón. Luis llamó a la puerta. “Pasa”, dijo Candela que había dejado encajada la puerta para que entrara él mismo. Luis se quedó boquiabierto al verla desnuda y solo con el lazo rojo sobre: “¡¿Y esto?! ¡Me encanta!”. Los dos soltaron una risilla nerviosa, y corriendo se fue Luis detrás de Candela hacia la habitación. La pilló por el extremo suelto del lazo rojo hasta alcanzar su cuello, que beso y mordió por encima de la cinta. Las manos de ambos acariciaban y agarraban con pasión el cuerpo del otro. Probaron varias posturas para jugar con el lazo, como el sometido o la flor de loto. Los dos gimieron de placer como nunca.

Luis no le quitó a Candela el lazo rojo hasta por la mañana, cuando le llevó el desayuno a la cama, algo que no había hecho antes: “Me gustó mucho la sorpresa de anoche”, le dijo a Candela que ni se acordaba de que seguía teniendo el lazo rojo puesto por todo lo que disfrutó: “Nunca sentí tantísimo placer”.

 

_______________

¿Quieres contarnos tu experiencia? Esta historia que inaugura nuestro apartado de relatos, me la contó una de las seguidoras del blog vía email. Si te apetece contar alguna experiencia sexual, solo tienes que escribir a: rociogavira@gmail.com. En el asunto pon “Relato erótico”. Y tranquilo por tu privacidad, se publicará bajo seudónimo u otro nombre.

_______________

Por cierto, gracias a Antonio Carmona, ©Errata, por su ilustración para el relato. A partir de hoy contaremos con sus diseños para los artículos de sexología. Espero que os guste 😉

 

Sígueme en Twitter: @RocioRGavira