Relato erótico VI: Una prueba lésbica antes de pasar el trío sexual

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De los años de universidad, Laura, una joven pelirroja y sensual, recuerda a dos amigos, Ana y Armando que con el tiempo se hicieron novios. Un día Armando le confiesa a Laura que no entiende porqué está soltera. 

– Pero si eres muy atractiva, inteligente y simpática, deberían lloverte los hombres.

– No quiero compromisos. Quiero disfrutar de mi vida y hasta el momento tampoco se me ha presentado el hombre ideal

– Y yo, ¿te resulto atractivo?

Tras un silencio incómodo, Laura contestó:

– Sí, pero no se me pasa por la cabeza tener nada contigo, ¡eres el novio de mi amiga!

– ¿Y Camila? ¿Te gusta?

La pregunta le pilló de sorpresa a Laura y este silencio fue aún más largo:

– No sé… nunca la he mirado con esos ojos.

De camino a casa, Laura no dejar de darle vueltas a la conversación. No pegó ojo en toda la noche pensando a qué venía todo aquello. Algo sospecha, pero esa posibilidad era embarazosa. A ella le encanta Armando. Su cuerpo, su mirada, su sensualidad, se sentía provocada, se excitaba con tan solo verlo. Haría cualquier cosa por estar con él, pero toda esa locura se frenaba al pensar en su amiga Ana. Eran novio, no había nada que hacer.

A la semana, Laura y Ana salen de fiesta con otras amigas. Entre chupito y chupito, hablan de temas sexuales, de otras experiencias, de las fantasías. Hasta que Ana le suelta:

– ¿Te pone Armando? ¿Te gustaría acostarte con él?

Laura no sabía si aquello era una broma de mal gusto o un ataque de celos. A saber qué le había contado el otro de su conversación.

– No es una pregunta muy cómoda Ana y no sé por qué me preguntas eso.

– Responde con confianza, somos amigas, no me voy a enfadar.

– ¿Qué responda con confianza? ¿Qué no te vas a enfadar? ¿Te estás quedando conmigo o qué?

– Tranquila de verdad, solo quiero saber si te gusta Armando.

Sería producto del alcohol, pensó Laura. Con tanta insistencia, no le quedó otra más que responderle, muy a su pesar porque Armando le pone y mucho.

– … Sí… me gusta, es muy atractivo y muy excitante.

– Vale, le diré que quiere tener sexo con él. Le encantará. A Armando le gustas mucho, siempre me lo ha dicho y no tengo ataduras para que tenga otras relaciones sexuales.

– Pero… yo no he…

– Si realmente te gusta Armando y quieres acostarte con él, tienes que pasar una prueba.

Laura tenía la cara desencajada. No daba crédito, totalmente estupefacta. “Tiene que estar borracha”, pensó. Le estaba dando “permiso” para acostarse con su novio. Laura desea mucho a Armando, muere en esos sueños húmedos con él, se enciende solo con su mirada.

– ¿Qué prueba? Hago lo que sea, dime.

– Antes tienes que hacerlo conmigo.

Estupefacta, una vez más. No era lesbiana y nunca le han gustado las mujeres. Adora a los hombres, ¿cómo se iba a acostar con ella? Ana le presionaba, quería la respuesta ya, quería cumplir ese reto sexual cuanto antes. Laura le dijo que sí, sin saber si era producto de la presión, del alcohol o el gran deseo por morirse de placer con Armando.

Fueron a casa de Ana a tomarse la última.

– ¿Preparada para recibir el placer máximo? Te haré el amor como nunca te lo han hecho.

No hubo lugar a la respuesta y el silencio lo cubrió un beso. Para Laura era una sensación muy rara, besar a otra mujer, pero cada roce de sus labios le gustaba cada vez más. Comenzaron a tocarse por todo el cuerpo. Ana le quitaba la ropa a Laura, acariciándole sus pechos, tocándolo con pasión. Le agarraba de las caderas. El placer hizo que Laura olvidara que estaba con otra mujer, estaba más excitada que nunca. Ana le bajó los pantalones, le arrancó la ropa interior como si no hubiera mañana. Fue el único momento en el que Laura dudó, cuando estaba totalmente desnuda frente a su amante, mujer. Pero la excitación del momento le nubló la mente, sobre todo cuando Ana le empuja sobre la cama, y sin retirarle la mirada, se quita la falda, y su ropa interior. Eso le puso a mil.

Seguían besándose, tocándose sin parar cuando Laura sintió la mano de Ana en su vagina, totalmente mojada. Laura hizo lo mismo, incluso fue un poco más allá e introdujo un dedo en el sexo de Ana. Gimió, suspiró muy agitada. Poseída por la excitación, Ana abrió desesperada las piernas de Laura, donde jugó con su lengua sin parar. El sexo oral estaba volviendo loca a Laura, estremecía de placer, estaba muy caliente, no sabía a que parte de la cama agarrarse. También quería ocupar su lengua. Se dio la vuelta, se puso encima de Ana y formaron ardiente 69 dándonos. Las lenguas y los dedos de ambas lograron el placer mutuo, cada vez era mayor la humedad en ambas, no podían separarse.

Abandonaron el 69 para abrazarse, juntar sus vaginas con las piernas abiertas y rozarse cada vez con más fuerza. Laura sentía una sensación muy indescriptible, deliciosa quizá, de perder la cabeza tal vez. Hasta que llegó el momento tan esperado: el mejor orgasmo que Laura he tenido en su vida. Gritaron de placer y llegaron juntas al clímax.

– ¿Quiere hacerlo de nuevo? – le pregunta Ana mientras le besa.

– ¡Todas las veces que pueda! – ambas ríen sin parar.

– Ahora, si quieres acostarse con Armando puedes hacerlo.

– Será todo un placer, ojalá estuviera aquí con nosotras.

– De hecho… Armando llegará en un par de minutos. Le avisé que estaríamos esperándolo. Esto solo fue una previa entre nosotras. Ahora, lo tendremos a él.

Continuará…

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