La eyaculación precoz

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Uno de cada cinco españoles padece este trastorno sexual provocado, entre otras razones, por la presión anticipada de “cumplir” con la otra persona en la cama, una ansiedad reforzada por la mala educación del porno

Escrito por Rocío R. Gavira | Twitter: @RocioRGavira 

“El eyaculador precoz es un hombre al servicio de la especie”. Esta es la definición de la sociedad de principios del siglo XX sobre los hombres que padecían este trastorno. La misma sociedad a la que el placer le estaba prohibido y la erótica era un encanto impensable. El hombre tratado como un héroe por su rápida eyaculación destinada solo a reproducir la especie. Hoy sabemos que la eyaculación precoz es una disfunción sexual que afecta a uno de cada cinco hombres españoles, jóvenes y adultos. Sólo un 15% se atreve a ir al médico. La dificultad por aceptar la situación, el pensar que no afecta negativamente a la pareja y la vergüenza que les produce es tal que optan por sufrirlo en la intimidad.

En la respuesta sexual hay cuatro fases: deseo, excitación, meseta y orgasmo. Sería en la tercera, cuando la respiración se entrecorta, las pulsaciones son muy altas y tenemos la sensación de no poder más, cuando suele producirse la eyaculación precoz. Incluso hay casos extremos que pueden darse antes de la penetración. “Se trata de una eyaculación descontrolada y corta, provocando un gran impacto en sus relaciones”, explica el psicólogo y sexólogo José Luis Álvarez Castellanos. El tiempo, el control y el impacto que produce son las claves para entender esta disfunción.

Causas y tratamiento

La eyaculación precoz es el cuarto problema de los españoles por detrás de la disfunción eréctil o la falta del deseo sexual. Aunque la eyaculación precoz puede provenir de problemas urológicos, por fármacos o del sistema nervioso, principalmente influye el componente psicológico. “La ansiedad anticipada por cumplir al máximo, la presión de darle placer a la mujer, la creencia de que si el hombre eyacula la relación sexual termina, hace que al final ocurra”, dice Álvarez. Estos componentes sociales y culturales vienen reforzados por la mala educación del porno que derivan en erróneas creencias, como que el éxito de una relación sexual depende solo del hombre.

“Cuando el paciente trae a una de las sesiones a su pareja –continúa el sexólogo- ésta se sorprende por lo que está sufriendo su novio o marido, no entiende de dónde salen las altas expectativas que se ha formado o la preocupación por no satisfacerle”. Y la pareja responde: “Cariño, que a mi no me hace falta eso”, “A mi no me importa si no hacemos…”, “¿Por qué no me lo has contado?”.

Los hombres afectados tienen una especie de obsesión: no fallar a su pareja. Por eso, lo primero que hace José Luis Álvarez en consulta es un proceso de educación sexual para cambiar ciertas concepciones sobre la sexualidad, como que los coitos más largos no implican siempre una sexualidad más placentera y tampoco aseguran el orgasmo femenino.

Toca desmontarles todas esas ideas tradicionales. Para ello recomienda una serie de ejercicios que conllevan “la prohibición, durante un tiempo, del coito”, señala el sexólogo. El sexo es más que penetración. Primero, el hombre que padece eyaculación precoz practicará algunas masturbaciones él solo. El segundo paso sería incluir en esas masturbaciones algún gel o lubricante e incluso juguetes destinado a ello. Después, entra en acción la pareja para hacerle las masturbaciones, algo que les produce mucho morbo. Según Álvarez, cuando ambos se unen en esta terapia sexual en la que el coito sigue prohibido, descubren gustos, posturas y puntos de placer que jamás antes habían imaginado. La última parte, pasa por incluir la penetración, pero poco a poco “un coito leve, con el que jugar e ir oscilando con la excitación –sigue el sexólogo-. Se trata de hacer una aproximación progresiva para averiguar el punto en el que se produce la eyaculación precoz y tratarlo”. Todo un proceso de aprendizaje sexual, en el que hablar y hablar con la pareja sobre los deseos o problemas sexuales es fundamental. Te acuestas con esa persona, ¿con quién vas a tratar el tema si no?

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