Adicto al porno

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Don Jon en una de las escenas de la película sobre la adicción al porno que dirige Joseph Gordon-Levitt

Hace poco vi una de esas películas divertidas que no dejan a nadie indiferente por su temática. Se trataba de ‘Don Jon’, (Joseph Gordon-Levitt), una delirante historia de un joven que andaba muy enganchado al porno. ¡Eh! Pero no a cualquier porno; al porno del bueno, ése que se disfruta siguiendo una selecta carta de navegación por las miles de páginas gratuitas que se pueden recopilar tras muchas horas de navegar por Internet. Que levante la mano quien no tiene ya una dirección porno en su cabeza. A lo que íbamos, el muchacho era muy feliz con su afición sexual hasta que conoció a la chica de su vida, bueno, o eso creyó en su momento. El resto os recomiendo que la veáis porque como he dicho, es muy entretenida.

Dejando de lado el tema cinematográfico que no toca aquí, la peli plantea abiertamente uno de los debates más trillados del sexo, (por lo menos en Internet): la adicción al porno. ¿Se puede llegar a ser adicto al porno? ¿Beneficia o perjudica a nuestra sexualidad? ¿El porno es cosa de hombres? Son muchas las preguntas que podría seguir planteando aquí e incontables las respuestas que Google da al término ‘Porno’, (208 M en mi última búsqueda); pero básicamente me voy a centrar en la primera, la adicción, y en las numerosas respuestas coherentes que he ido recopilando.

Desde la perspectiva psicológica, todo aquello que aporta un placer inmediato a una persona es susceptible de generar dependencia. Fumar, beber, comer, comprar, jugar y cómo no, el mismo sexo y hasta las mismas personas. Pero, ¿cuándo se puede hablar de adicción? Sin duda alguna, cuando un hábito placentero condiciona nuestro comportamiento social y vital. O dicho de otra manera, cuando dejas de hacer algo importante para conseguir una dosis más de placer. ¿Puede por tanto el porno convertirse en una adicción? La respuesta de muchos especialistas al respecto es rotunda: .

Hábito social

La pornografía siempre ha existido y ha estado presente en nuestras vidas de forma explícita o implícita a través de las diferentes disciplinas artísticas, (pintura, escultura, danza, literatura, fotografía, cine…). En todas ellas hay un patrón común, que no es otro que la de provocar la excitación sexual de quien lo contempla para la consecución de un placer, individual o colectivo. El consumo de pornografía ha sido por tanto, un hábito que ha acompañado a la condición sexual del hombre a pesar de los tabúes y prohibiciones que siempre la han rodeado. Sin embargo, es a partir de la irrupción de Internet, cuando el consumo de pornografía se ha generalizado a gran escala. Ello ha propiciado innumerables estudios sobre los efectos en ambos sentidos de una práctica que no conoce fronteras de ningún tipo.

De los resultados de estos estudios destaca una investigación italiana dirigida por el profesor Carlo Foresta en 2011, destinada a definir las causas de una nueva patología que denomina como “anorexia sexual” y que relaciona directamente con el consumo de pornografía entre los jóvenes de 25 años. Independientemente del enfoque del estudio, de la extensa encuesta que realizó, se desprenden datos tan interesantes como que aproximadamente el porno es visto con regularidad por un ochenta por ciento de hombres y un treinta por ciento de las mujeres, aunque este segundo dato crece a ritmo de dos dígitos cada año. De entre ellos, los alemanes estarían a la cabeza, seguidos de franceses, españoles e italianos. No sorprende que el perfil del consumidor de pornografía sea el de un varón casado y profesional, ahora bien, sí que la edad de inicio sea de 14 años y que un siete por ciento, se declare abiertamente adicto.

Estadísticas aparte, el porno no es solo placer y adicción. Existen investigaciones serias que tratan de desmitificar el sambenito que ha arrastrado esta afición. En esa línea estaría una investigación recogida por Psychology Today, ‘Does Pornography Cause Social Harm?’, en el que se señalan aspectos sorprendentes que se derivan del consumo del porno como la disminución de agresiones sexuales y divorcios, una mayor concienciación en el uso de anticonceptivos entre los jóvenes, lo que a su vez, ha contribuido a una disminución de los embarazos no deseados y una caída de las enfermedades de transmisión sexual. En resumen, el porno actuaría como válvula de escape en aquellas personas con tendencia a la promiscuidad y a un impulso incontenible del apetito sexual, y también desempeñaría una función didáctica al promover la utilización de medios anticonceptivos. Incluso se ha llegado a demostrar que su consumo continuado puede mejorar la calidad del semen en el hombre. Y cómo no, el porno como terapia que los sexólogos no descartan recomendar a las parejas que necesitan romper su rutina sexual para deshinibirse y  ganar más complicidad en sus relaciones. Todo ello, sin contar con que la pornografía permite llevar el sexo a personas que de otra manera no podrían tenerlo.

Del placer al vicio

Visto así, la pornografía no debería suponer ningún problema sexual ni social siempre y cuando, como todo en esta vida, se haga con moderación. Pero ¿qué se entiende por moderación? Habría que volver al punto de las adicciones para averiguarlo, pero básicamente, podría entenderse como aquella que te permita disfrutar del sexo sin afectar a tus relaciones en pareja. De lo contrario, posiblemente puedas, o bien tener un problema con tu pareja, o que tu pareja acabe teniendo un problema contigo. Por tanto, desear el porno antes que una relación carnal, es una señal inequívoca de que tal vez se ha superado una línea roja.

El consumo excesivo de pornografía no solo afecta a las relaciones, sino que, como señalan los expertos en sexología, acaba por dormir la respuesta natural del cerebro a la estimulación sexual. El sexo está en la mente, y por ello, cualquier conducta reiterada generará nuevos patrones de comportamiento sexual. De ahí que, como con cualquier adicción, a medida que se incrementa su consumo sea menos gratificante la respuesta a imágenes eróticas, y por ello, sea necesario buscar contenidos más explícitos y morbosos que sacien las nuevas exigencias eróticas de excitación.

La consecuencia inmediata de esta dependencia llevada al extremo, se manifiesta en una pérdida general del apetito sexual con la pareja. Los nuevos patrones eróticos difícilmente serán ahora saciados por la estimulación erógena de nuestra pareja, ya que la mente necesitará un incentivo visual y explícito para alcanzar la excitación. Sin ella, la experiencia sexual está abocada al fracaso, generando en el adicto la sensación de inseguridad ante las relaciones carnales. Esta caída general de la libido es común tanto en hombres como en mujeres. Sin embargo, es en el hombre donde los efectos son más perniciosos y visibles, ya que pueden desencadenar en una disfunción eréctil, como señalan en la publicación científica Your Brain on Porn.

No obstante no cabe caer en el alarmismo. Queda claro que la pornografía no es inofensiva, pero tampoco un pecado capital. Su consumo ocasional puede aportar mucho a la vida sexual de las parejas y su exceso puede acarrear problemas personales y sociales que, afortunadamente, tienen solución. Su tratamiento por especialistas es muy efectivo, (entre 2 o 3 meses de terapia). Una vez superada, no habrá impedimento para volver a disfrutar plenamente del sexo.

1 comentario en Adicto al porno

  1. Dora
    4 febrero, 2014 at 6:34 pm (4 años hace)

    Buen artículo. He llegado hasta aquí desde le blog de Sylvia. Te invito a que visites también el mío. Un saludo.

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