Relato erótico VII: “No sabía lo que era disfrutar del sexo plenamente”

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Toda la vida con la misma pareja, desde novios. Solo has compartido con ella la cama, nadie más. Celia es una de esas personas. A los 50 ha descubierto lo que verdaderamente le gusta en sus relaciones sexuales. No conocía otra cosa que lo que hacía con su pareja. Perdió su virginidad a los 18. Para ella una pareja es más que suficiente para tener sexo oral, anal, masturbase, usar comida o geles comestibles por el cuerpo. Pero no logró sentirse como una diosa hasta probar de otro plato. Su cuerpo explotó en placer, sin ataduras, sin límites. La protagonista en la cama fue ella. Nunca sintió un orgasmo como aquellos con su amante, “una pena que aún a las mujeres nos cueste decir lo que deseamos por miedo o vergüenza”, confiesa. Celia deseaba contar su experiencia con Ángel, una historia que le ha estado comiendo durante mucho tiempo, en silencio, sin poder compartir con nadie más. 

Llevo muchos años con mi pareja, de hecho es con la única persona que había tenido relaciones sexuales. Creía que mi vida sexual era satisfactoria. No soy mojigata, creo que cuando una pareja está junta, todo lo que los dos quieran está permitido dentro del juego del sexo siempre que no incomode al otro. 

Pero un día llego él, Ángel, mi amigo y compañero de trabajo. No tenía problemas en hablar de todo con Ángel, era fácil, nos conocíamos de bastante tiempo. Pero un día después de unas copas… Aún no lo comprendo. Sería el morbo… Me apetecía besarle, ¡de locos! Si es mi amigo no podía entender que lo estaba mirando con otros ojos. Él me conoce también o mejor que yo misma. Me preguntó, “¿qué te pasa por esa cabeza? No callé. Le dije que me apetecía besarle. A él también le apetecía. Fue maravilloso, mi cuerpo respondía como nunca a su boca, su mano por mi pierna hacía que me diera electricidad por todo el cuerpo. 

En aquellos días tenía las llaves de Ana, otra compañera de trabajo que no estaba en la ciudad. No lo pensamos ni un momento. Salimos hacia casa de Ana con la única condición de que llegaríamos solo hasta donde uno pusiera el tope, sin pensar que llegaríamos más lejos de esas caricias o besos. 

Que equivocada estaba cuando llegamos a casa de Ana. Nos besamos sin darnos tiempo ni de soltar las llaves. Los besos eran cada vez más urgentes, las manos volaban por encima de nuestra ropa, me encantaba la sensación de que todo mi cuerpo lo deseara, notar que su cuerpo respondía con las mismas urgencias que el mío. Me puso caliente, húmeda, no recordaba eso. Hace años que uso lubricantes en mis relaciones por lo dolorosas que suelen ser, pero en esos momentos no hacía falta nada. Estaba completamente rendida. Cuando sus manos pasaron por encima de mi tanga estaba chorreando. “¿Tienes ganas?”, me preguntó. Era evidente que ¡muchas! Sus dedos entraron en mi húmedo sexo como si nada, provocó una subida de mi temperatura inimaginable. Con dificultad pude desabrochar su pantalón, estaba tan excitado como yo. Me gustó sujetarla en mi mano, notar lo dura que estaba, la movía rápidamente pero Ángel me decía al oído, “no corras tanto, no quiero que se acabe antes de empezar”. Sus dedos eran maravillosos, cómo se movían dentro de mi, estaba a punto de irme. Pero él seguía negándome que le tocara, quería que disfrutara antes de mi orgasmo. Fue delicioso correrme entre sus dedos, nunca antes me había corrido de esa manera. 

No lo entendía, yo disfrutaba del sexo con mi pareja, o eso creía. Ángel quería que gozara más todavía, cuando por fin quedé exhausta del orgasmo. Pude tocarle, fue delicioso meter el pene en mi boca. Estaba caliente, duro, con ganas de seguir. Disfrutaba de sentir cómo respondía a mis caricias. Sus manos empezaron de nuevo a tocarme los pechos, apretándome los pezones, me hacía arder más y más. Con el pene en la boca, me dijo que no tuviera prisa: “Ahora me toca divertirme con tu sexo”. Al principio no podía abrir las piernas, me daba vergüenza verle entre ellas mientras su lengua entraba, lamia y chupaba mi clítoris. Me puso de pie, besándome los pechos. Bajó hasta quedar de rodillas en el suelo, abrió mis piernas, volvió a tomarme, beber de mis fluidos, sus dedos entraron también en mi vagina, estaba casi a punto cuando le empujé hasta llegar a la cama. Me senté encima de él, moviéndome arriba, abajo… Me decía que no siguiera, que no aguantaría ,que quería seguir disfrutando de cómo lo estaba pasando, que para él es mucho más importante que correrse. Pero yo estaba a punto de explotar de placer, necesitaba fusionarnos, que llegara conmigo. Fue maravilloso sentir cómo se iba al mismo tiempo que yo. Mis muslos estaban chorreando de su esperma y mis fluidos… no había tenido nunca un orgasmo como esa maratón a la que me estaba sometiendo Ángel. 

Nos relajamos un poco, tomamos algo para hidratarnos. Estaba más que satisfecha, toda la vida usando lubricante para disfrutar del sexo y Ángel consigue que empape todo con mis fluidos. Los orgasmos salían del interior de mis entrañas como nunca antes había sentido. 

Sus manos son fuego en mi piel. Damos comienzo a una nueva tanda de besos, caricias, hace que arda en pasión, que me estremezca solo con rozarme. Su boca es un peligro, es experimentada en besar, su lengua en lamerme, conoce cada rincón de mi cuerpo. No entiendo cómo lo ha conseguido. Está pendiente de todas mis reacciones para saber dónde tocarme, volverme loca. Sus manos están otra vez en mi vagina, sus dedos se mueven con mucha rapidez. Vuelvo chupársela, está de nuevo dura, con más ganas. Me pone de espaldas, me penetra desde atrás, dándome pequeños azotes en las nalgas. Cada vez que me azota noto como si fuera a reventarme las entrañas. Empiezo a moverme al tiempo que embiste. “Si no paras, volveré a correrme de nuevo”, me suelta. No quiero parar, quiero sentir esa explosión que mi cuerpo está a punto de experimentar. Noté salir líquidos de mi ser como si un grifo se abriera. Ángel llegó al orgasmo al mismo tiempo, asombrado por la forma en la que estallé. “Nunca había sentido mojarme con los fluidos de una mujer”. 

¡¿Cómo pude pensar que mis relaciones sexuales eran normales si nunca había experimentando algo tan maravilloso?! 

Regresamos a la vida normal del trabajo. Me enamoré Ángel, de mi amigo, mi confidente. Es detallista, atento, cariñoso, todo lo que una puede leer en un libro de amor que no existe nunca. La empresa le ofreció un empleo fuera, mucho mejor pagado. Aceptó y se marchó a otro país. Desde entonces no sé nada de él, ni un mensaje ni una llamada. Sigo enamorada esperando que algún día se pase, creo para él fui otro polvo en su lista. No lo sé. Pero lo que sí puedo agradecerle es esa maravillosa tarde que nunca podrá quitarme nadie. No fue un sueño, fue real. Por una tarde él fue tan solo mío, de ninguna otra mujer.

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2 Comentarios en Relato erótico VII: “No sabía lo que era disfrutar del sexo plenamente”

  1. Jorge Rodriguez Garcia
    29 diciembre, 2013 at 9:33 pm (4 años hace)

    para algunas su angel esta con ella a su lado,en la cama,en el dia a dia,para algunas es su pareja o marido,o mujer,quizas te equivocaste a la hora de elegir con quien compartir tu vida, o quizas el aburrimiento la monotonia te llevo a comer de otro plato, me alegro por ti por sentirlo .vivirlo y disfrutarlo personalmente,como experiencia maravillosa ,enriquecedora y unica,no obstante no podemos olvidar que hay otra persona,y yo como marido al igual que de momento no lo he hecho,no me gustaria que me lo hicieran,lo peor que puede ocurrir es vivir con una persona añorando a otra,eso es falso y si me pongo en la piel del marido no me gustaria nada,vivir engañado y mi mujer acostandose con otro tipo,lo unico que puedo sacar en claro es que me gustaria por siempre que mi mujer fuera mi angel y yo ser el suyo,todos miramos e imaginamos,pero cosa muy distinta es pasar a la accion,en fin ,cada uno que lo haga como le apetezca,,PIENSO

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