Relato erótico VIII: Un sueño húmedo

Sentir el placer de un sueño húmedo.

Sentir el placer de un sueño húmedo.

Los sueños eróticos pueden alegrarte la mañana, quedarse en una buena anécdota o la fase previa para recrear una fantasía sexual. Otros sueños calientes pueden ser desconcertantes e incluso preocupantes. Esa mezcla de sensaciones siente Celia. Hace unas semanas recogíamos en Punto G su historia. Descubrió qué era disfrutar del sexo plenamente a los 50 años, pero con otra persona, fuera de su pareja de toda la vida. Con Ángel, su amante, solo pasó una tarde, pero no consigue olvidar los besos, caricias, aroma, gemidos y miradas pasionales con los que disfrutaron aquel día. No le ha vuelto a ver, ni tampoco sabe de él (pincha aquí para leer el relato). Tanto desea Celia perderse de nuevo entre los brazos de Ángel que sus sueños eróticos, y húmedos, cada vez son más frecuentes.

Siempre con mi amigo confidente de toda la vida, Ángel. Sueño que estamos en casa de un cliente que tiene el piso en venta. Cuando nos sentamos en el sofá me rodea con sus brazos, sus manos se mueven por mi pierna. Sus dedos no paran de acariciar mis muslos, subiendo hacia arriba. Juega conmigo, apenas me roza, pero es como si me pasaran un hierro caliente por la piel. Me gusta.

Al mirarle baja la cara, me besa, noto su lengua en mi boca, explora mi lengua, me muerde el labio. Su mano no duda nada, no espera invitación y pasa sus dedos por el filo del tanga. Le respondo a ese beso tan caliente sujetándole la cabeza mientras mis pezones empiezan a coger dureza y mi tanga se humedece. Cada vez abro mis piernas más para que pueda tocarme. Una sugerencia silenciosa para que no pare, quiero más de ese fuego que me está bullendo por dentro. Sus dedos pasan por debajo del tanga, acarician mi pelvis, bajan hasta los labios de mi vagina, ahora sus dedos se mueven para separarlos. Con ellos toca la humedad que desprendo, me vuelve a morder la oreja, yo mordisqueo su cuello. Le beso, paso mi lengua por sus labios, un suspiro se me escapa al notar sus dedos tocando el clítoris, moviéndolos en círculo. Me enciendo por dentro.

Le arrebato su camiseta besándole el pecho, muerdo sus pezones, gime, le gusta. Desliza el tirante de mi vestido y del sujetador dejándome el pecho al aire. Baja su cabeza aprisionando con los labios el pezón que se pone durísimo. Ninguno de los dos hemos dicho ni una palabra, solo seguimos recorriendo el cuerpo del otro. Desabrocho su pantalón, ya le molesta, la tiene dura como una piedra. Recorro con mi lengua solo la punta de su pene. Suspira, está muy excitado. Lo introduzco en mi boca sin pensar, me sujeta la cabeza para que no lo suelte. Sigo chupando mientras sus dedos se enredan dentro de mí.

Disfrutamos de lo que nos pide el cuerpo. Me retira de su pene, me levanta y se sienta en la silla. Me sube el vestido, me pone encima de él con fuerza, pasión y entra hasta el fondo. Me encaja sujetándome las nalgas, me da un azote: “Muévete”, me dice. La mamada le ha puesto a cien. Comienzo a moverme, la parte de arriba del vestido está bajada, me aprieta los pechos pellizcándome los pezones, los chupa como si no hubiera mañana. Estoy casi a punto de correrme. La tiene muy dura y caliente, entera dentro de mí. “Córrete”, me pide. Cada vez vamos más rápido, subo y bajo. Y me corro, pero no termina. Me da la vuelta bruscamente y me penetra desde atrás, sujeta mis caderas para moverse más rápido. Ahora sí que no puedo parar ni quiero que pare, le siento dentro, duro, está a punto de irse y yo también de nuevo. Me aprieta más, me da un azote, cuando noto los espasmos de su pene al irse le oigo respirar. Al fin tengo otro orgasmo. Hemos terminado, en el sofá tumbados, no decimos nada, esperamos hasta que la respiración es normal. Nos vestimos y dejamos todo como estaba. Ninguno habla de ello, era algo que los dos deseábamos. Pasó sin más.

Me despierto sofocada, respirando muy fuerte, estoy sudando y tengo las bragas mojadas. Lo recuerdo todo perfectamente, como si aun sintiera sus manos por mi cuerpo. Me levanto a darme una ducha, no sé como José –mi marido – no se ha percatado, creo que mis gemidos también fueron de verdad. Quiero pensar que todo es un sueño, que no pasa nada, pero me preocupa. ¿Será malo disfrutarlo aunque sea soñando? No es la primera vez y creo que no será la única que vuelva a soñar. ¿Será porque me gustaría que pasara de nuevo o me conformo solo con imaginarlo en sueños? Puede que en la realidad no sea tan perfecto, aunque el roce de sus manos me ponga los vellos de punta.”

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