El virus del papiloma humano

EL VPH es una de las ITS más frecuentes y, además, la responsable del cáncer de cérvix.

EL VPH es una de las ITS más frecuentes y, además, la responsable del cáncer de cérvix.

El 85% de las mujeres sexualmente activas puede tener contacto alguna vez en su vida con este tipo de infección de transmisión sexual (ITS), la más frecuente en este momento y la responsable del cáncer de cérvix

Escrito por Rocío R. Gavira | Twitter: @RocioRGavira

El virus del papiloma humano (VPH) es una infección que se transmite por contacto a través de las relaciones sexuales. La penetración no es necesaria para adquirir la infección, sino que puede producirse simplemente por contacto de una piel a otra durante el sexo vaginal, anal y oral. Alrededor del 85% de las mujeres sexualmente activas puede estar en contacto alguna vez en su vida con este tipo de infección de transmisión sexual (ITS), la más frecuente en este momento. De hecho, la infección por el VPH es la responsable del cáncer de cérvix, el segundo tumor ginecológico más frecuente en ellas a nivel mundial.

Se trata de un virus del que existen más de 140 tipos. De todos ellos, “40 afectan al epitelio genital y anal y sólo quince se consideran de alto riesgo oncogénico, sobre todo el tipo 16 y el 18”, señala la doctora Magdalena Lechuga Villena, médico especialista en Ginecología y Obstetricia en la Clínica Sanabria de Granada. El virus del papiloma humano suele ser asintomático, a no ser que “el contagio sea por las cepas virales que provocan las verrugas genitales. Normalmente suelen ser bastantes evidentes y es entonces cuando las pacientes se dan cuenta”, afirma la ginecóloga. Estas verrugas –solo el 1% de la población las desarrolla– se asocian a los VPH de bajo riesgo. Si se manifiesta con displasias (lesiones cancerosas), que se asocian a VPH de alto riesgo, suelen aparecer en el cuello del útero en las mujeres y en el recto en los hombres. Pero no hay que alarmarse, “no todas las infecciones por VPH causan alteraciones celulares del cérvix o cáncer de cuello”, aclara Lechuga Villena. Aunque la mayoría se eliminan en unos meses, en otros casos el virus puede persistir y desarrollar un tumor.

En los últimos tiempos a muchos les ha preocupado el posible contagio del virus del papiloma humano a través del sexo oral, algo muy poco frecuente. Nuestra boca es muy resistente, está habituada a convivir con miles de bacterias, por lo que de producirse la infección, el virus no se desarrolla. “El contagio también es posible por vía oral y anal, sobre todo en personas inmunodeprimidas y con otras enfermedades concomitantes”, indica Magdalena Lechuga.

Del VPH al cáncer de cérvix

Aunque los tipos de VPH de alto riesgo que persisten durante años pueden derivar en cáncer de cérvix o cuello de útero, no llega al 3% el número de mujeres que lo desarrollan. El cáncer de cérvix es el segundo tumor ginecológico más frecuente en las mujeres a nivel mundial. Al año se detectan, aproximadamente, 2.000 nuevos casos. Una vez infectada, una mujer puede tardar entre 10 y 20 años en desarrollar un tumor de cuello de útero. “Es una enfermedad propia de mujeres sexualmente activas, pues para que se desarrolle es necesario que se haya producido una infección por VPH. De hecho, existe una relación directamente proporcional entre el número de parejas sexuales que tiene una mujer y su riesgo a desarrollarlo”, explica el médico Francisco José Valdivia García, oncólogo en el Hospital Virgen Macarena de Sevilla. El cáncer de cuello de útero es típico en mujeres jóvenes, siendo la edad media alrededor de los 35 años.

Hay muchos tipos de VPH y solo algunos de ellos tienen capacidad oncogénica, es decir, pueden derivar en un tumor, como son los tipos 16 y 18. “La mayoría de las mujeres ni se entera de que ha estado en contacto con este virus porque el sistema inmune lo destruye y la infección queda ahí”, comenta Valvidia García. Según el oncólogo, en los casos en los que el mecanismo inmune fracasa, la enfermedad avanza y pasa por una serie de fases:

– “Infección latente, asintomática e indetectable. Solo se puede detectar ADN del virus dentro de las células del epitelio del cérvix con técnicas de biología molecular muy complejas. Esta etapa puede durar desde meses hasta varios años.

– Neoplasia Intraepitelial cervical – I (CIN-I).

– Neoplasia Intraepitelial cervical – II (CIN-II).

– Neoplasia Intraepitelial cervical – III (CIN-III). La progresión de la etapa de CIN-1 a CIN-III dura entre uno y diez años. Estas etapas se diferencian entre sí por el grosor del epitelio afectado. Es lo que se puede detectar mediante la citología.

– Cáncer invasor”.

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Cuando la infección por VPH ha evolucionado, los típicos síntomas son la coitorragia (sangre después del coito) o leucorragia (emisión de un líquido blanco-rosado). Tras la biopsia se decide el tipo de tratamiento, en función del alto o bajo grado del tumor. Si es de bajo grado (CIN-1), “normalmente se hacen tratamientos de destrucción local con electrocoagulación o crioterapia (destrucción con electricidad o con frío)”, esclarece el doctor Valdivia. Por el contrario, si es alto grado (CIN-II o CIN-III) “se suele optar por la conización, es decir, quitar un trozo de cuello de útero en forma de cono”.

Llegados a la fase de cáncer invasivo, a veces se puede elegir la conización si la lesión está limitada, pero “lo más habitual es hacer una histerectomía (quitar el útero entero). Se puede añadir Radioterapia o Quimioterapia si en el estudio de extensión se detecta que la enfermedad está extendida a órganos de la pelvis (vagina, parametrio) –continúa Valdivia García– o se suele optar por solo Radioterapia paliativa si la enfermedad se extiende más allá de la pelvis”.

El pronóstico depende del estadio de la enfermedad. Las tasas de supervivencia a los cinco años del tratamiento en casos de cáncer invasor oscilan desde 93% en el mejor de los casos hasta el 15% en el estadio más avanzado.

Medidas preventivas

“Los preservativos, aunque reducen el riesgo, no protegen totalmente a la mujer frente a esta infección”, asegura Magdalena Lechuga. Si una mujer estuviera infectada, a pesar de que el hombre utilizara el preservativo, la zona de los labios genitales chocarían con la base del pene así como el pubis, por lo que no garantizaría que no hubiera contagio. Lo más importante de todo es la prevención mediante la vacunación y las revisiones periódicas.

Con la vacunación se inmuniza a las mujeres contra los tipos oncogénicos de VPH. Existen dos vacunas: la bivalente (contra los dos tipos más frecuentes, el 16 y el 18) y la tetravalente (tipo 4). Según el oncólogo Valdivia, “actualmente el máximo potencial preventivo sería la de vacunar a niñas entre los 9 y los 14 años” cuando todavía no se es sexualmente activo. También se recomienda en mujeres sexualmente activas o ya infectadas, puesto que “la vacuna ayudará a la eliminación del virus y a la prevención de lesiones celulares que son la antesala del cáncer de cérvix”, puntualiza Lechuga Villena. Respecto a la vacunación en varones, todavía existe controversia porque, expresa el oncólogo, “se deben realizar estudios de coste-efectividad, ya que en ellos no está demostrado que sea responsable de enfermedades graves”.

citologiaEn cuanto a las revisiones periódicas, es decir, la citología, se las deben realizar todas las mujeres sexualmente activas. “Si la mujer no ha sido vacunada del VPH debe hacerse la primera citología a los tres años desde el inicio de las relaciones sexuales”, aconseja el médico Francisco J. Valdivia. Si por el contrario la mujer está vacunada, “a los 30 años se determina si hay ADN del VPH en las células del epitelio vaginal. Si no hay, se repite esta prueba cada cinco años hasta los 65. Si la prueba resulta positiva para VPH, se hace una citología y se actúa en consecuencia”.

Según la experiencia de la ginecóloga Magdalena Lechuga, a la mayoría de las pacientes lo que les preocupa es cuándo y con quién han podido adquirir el virus del papiloma humano, si tiene cura y si es grave. “Suele generar una ansiedad bastante importante en el momento del diagnóstico y lo que intentamos es concienciarlas en la prevención, el seguimiento y la vacunación”, insiste Lechuga. “Una vez que detectamos el VPH se pone en marcha el protocolo de seguimiento y es raro que las lesiones avancen rápido si se ha diagnosticado precozmente”. Por ello, son muy importantes las revisiones periódicas, puesto que en las citologías se puede detectar cualquier problema ginecológico.

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