Relato erótico (XV): “Las faldas son muy cómodas y divertidas para hacerlo en sitios públicos”

faldasex2Ante la frustración tras su primera vez, Mireia empezó a fijarse en hombres más mayores que ella para beber de su experiencia: “Estoy soltera, es hora de experimentar”

Editado por Rocío R. Gavira | Twitter: @RocioRGavira

Mireia ama el sexo. Siente verdadera pasión en sus relaciones sexuales. “El sexo es un teatro donde los límites los pones tú y la otra persona, un teatro donde nos fundimos en una sola persona”, afirma la joven de 22 años. “Estoy soltera, es hora de experimentar, el amor llegará cuando quiera que llegue”. Mireia perdió la virginidad a las 14 años con un chico dos años mayor que ella. “Era la primera vez para los dos. Estábamos tan nerviosos… Teníamos un condón de sabor a plátano. El encuentro no duró nada y me frustré en mi interior… «¿Esto es el sexo? ¿Esto es lo que me espera?»”, pensó desilusionada. A su parecer el problema fue que él no tenía ninguna experiencia.

Su vida sexual mejoró con el tiempo –¿quién ha tenido una primera vez maaaaravillosa?– y comenzó a fijarse en hombres 10 o 15 años mayores que ella. “Me enseñaron mucho y la mayoría, por no decir todos, me han subido al cielo cada vez que me desnudaban”.

Mireia tiene una mentalidad atrevida, “siempre me ha puesto a cien apurar, hacerlo en sitios públicos como en un ascensor,.. las faldas son muy cómodas y divertidas para ello”. Y aunque confiesa que no ha tenido ninguna fantasía especial, hizo un trío con dos hombres que no le fue nada bien. “Es importante que sepan tratar a una mujer con suavidad –explica– y a la vez ser agresivos cuando se lo pidas, solo cuando se lo pidas. Me gusta mandar”.

En esta ocasión Mireia comparte aquí su historia con Ramón, un hombre de 57 años. Asegura que es una experiencia muy enriquecedora. “Me siento muy deseada, hasta el punto que cuando ponemos fecha para quedar siento que mis labios se humedecen al momento. Es un hombre que en público parece muy machote y con una coraza enorme, pero en la intimidad se transforma. Exactamente esa es la magia de las personas que de verdad sienten amor por el sexo”.

Aquí va su relato erótico:

Quiero ser profesora de niños, esos pequeños tesoros que nos dan la vida. Como necesitaba dinero para los estudios, empecé a trabajar en un bar, detrás de la barra con mi falda ajustada, sirviendo vinos, buenos vinos.

Cada noche observo las caras de las mujeres con esos maridos mujeriegos, a esos hombres divorciados y con tantos consejos que dar. Pero sobre todo observo, con disimulo a un hombre de 57 años. Ramón es camionero, pero no tiene pintas de serlo. Es muy chinchoso, un bromista. Un auténtico macarra con su sonrisa picarona pero con ojos transparentes, con mucha personalidad, con mucho humor y vacilón.

Aunque lo tuviera cruzado por lo machista que parecía, al conocerlo le miraba con otros ojos y me asusté. “¿Estás loca? ¡Te saca 35 años! Pero me atrae, me interesa,… No dejaba de darle vueltas a la cabeza. Cada vez que le oigo entrar en el bar, apoyarse en la barra con esa mirada picarona, me pongo nerviosa, siento que me humedezco, “él conocerá mucho mejor el cuerpo de una mujer”, me digo. ¿Qué tiene de malo si me lanzo? ¿Está mal? No, la vida está para vivirla y hacer todo lo que te apetezca sin hacerle daño a nadie. Ramón está divorciado y tiene hijos de mi edad. Eso me excita más porque me pone lo prohibido, lo extraño.

Una noche salí de fiesta con mis amigas. Se acercaron chicos de 22, de 25 e incluso de 30 años, hablando se sus coches, de sus colegas, de sus ex e insinuaron lo buenos que eran en la cama… Me aburrían tanto que me marché a casa, no aguantaba a más “niños” aunque me sacaran 10 años. Me metí en la cama pensando en Ramón. Me tenía loca, estaba deseando que esas manos grandes me agarraran por la cintura, me lamiera el cuello, las orejas, me besara muy cerquita del labio, me mordisqueara los pezones… Tan… caliente me acosté que amanecí mojada.

Me levanté con ganas de comerme el mundo. Me coloqué la falda negra del uniforme, dejé mi melena negra al viento y me pinté mis labios de rojo. A las cuatro de la tarde la vinoteca estaba vacía. De repente me giro y me encuentro en la barra a Ramón mirándome con una sonrisa dulce. Intento disimular, me pone muy nerviosa.

–Un chupito de hierbas frío y sin hielo, morritos de caracol.

Sosteníamos la mirada mientras le servía. Me mordí el labio sin querer, no me pude aguantar. Ramón notó un ligero cambio en la cara, algo más serio y alerta. Y pensé “hoy es el día, propónselo”.

– ¿Puedo consultarte un problema que tengo? Me atrae alguien, me excita, me acuesto pensando en él y me despierto… húmeda. Resulta que es mayor que yo, unos cuantos años, 35 para ser exactos, y no sé como le cogerá…

–¿Cómo es él? ¿Está casado? ¿Lo conozco? Tal vez pueda ayudarte, tienes que tener cuidado si no lo conoces, lo sabes.

–Sí lo conoces, anda por aquí. Es extrovertido, habla por los codos y siempre intenta enfadarme para sacarme una sonrisa pero nunca intentado ligar conmigo, tal vez sea eso lo que me atrae tanto.

Se quedó callado, se dio cuenta que se trataba de él mismo.

–¿Qué quieres de esa persona?

–Conocerlo fuera de aquí y dentro de la cama. Quiero sentirle, sentirle dentro de mí, que me lleve hasta el cielo y no me baje hasta que yo se lo pida. Eso quiero, pero lo que pediría ahora mismo sería probar sus labios, humedecerlos.

Me besó con tanta pasión que tuvimos que parar para no cometer una locura encima de la barra del bar.

Quedamos esa misma noche. Paré en casa primero. Mientras me duchaba me tomé mi tiempo sintiendo el agua caliente bajar por mi pechos. Estaba excitada y nerviosa, no sabía todavía lo que iba a vivir con ese hombre. Me puse mi mejor falda ajustada, un tanga rojo, tacones y sin sujetador. Ramón se quedó boquiabierto al verme:

–Dios, estás para comerte. ¿Estás segura de esto?

–Segurísima. Bésame y dime a dónde vamos.

–¿Quieres conocer mi camión?”

–Mmm, por supuesto.

Era de lo más excitante para mí. Me senté en la cama y le pedí que me quitara las sandalias. Me besó los dedos de los pies. Subió hasta la nuca y empezó a bajar la cremallera del vestido. Sentía como los pezones se convertían en pequeñas piedras. No dejaba de besarme por la espalda, las costillas y se quedó mirando mis pechos, esos pezones que le pedían que los lamiera con suavidad.

Tenía las manos algo rasposas pero me encantaba. Esos dedos grandes y gordos, los quería sentir debajo del ombligo, pero él opto por usar su lengua. Sus labios subían por el muslo hasta llegar a mi sexo, lamiéndolo. Su pene se puso más duro al comprobar lo mojada que estaba. Le metí mano, quería complacerle, enseñarle que “una niña” como yo también había vivido algo. Le chupé la punta despacio, saboreándolo, puse a prueba mi garganta profunda y seguí. Ramón no estaba quieto y me penetraba con esos dedos. Primero usó uno, luego dos, tres,… ¡Creía que me iba a morir del gusto! Me faltaba cuerpo para retorcerme. Le pedí que me la metiera entera, no podia parar de chillar de placer, tuvo que taparme la boca…

Dos horas de desenfreno, los dos sudorosos, la cama empapada. Quisimos quedarnos más tiempo tras ese polvo, pero cada uno tenía que volver a su vida a la mañana siguiente, yo a clase y él a trabajar con el camión. Nos despedimos con un “nos veremos en el bar y quién sabe dónde más”.

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2 Comentarios en Relato erótico (XV): “Las faldas son muy cómodas y divertidas para hacerlo en sitios públicos”

  1. Eva
    20 noviembre, 2015 at 10:50 pm (2 años hace)

    Un relato muy interesante, siempre he creido que la edad es importante para el sexo, pero hay a veces que te puedes sorprender, puedes conocer a un chico más joven que tu y en la cama sea un señor, y totalmente lo contrario, un hombre más mayor que tu que no sabe como tratar a una mujer.

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  2. walter
    22 mayo, 2016 at 11:33 pm (1 año hace)

    yo soy uno de esos hombres que piensa en el placer de la mujer tambie no solo el mio

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