Relato erótico (XVIII): Sexo desconocido

Amy en 'Y de repente tú' echando a uno de sus líos de una noche de su casa.

Amy en ‘Y de repente tú’ echando a uno de sus líos de una noche de su casa.

Cristina pasó por un momento bastante loco de su vida cuando residía en Granada en el que la promiscuidad estuvo presente: “Una noche de buen sexo (o no), y si te he visto no me acuerdo”

Relato editado por Rocío R. Gavira | Twitter: Rocío R. Gavira

Si la vida cambia en un solo día, imagínate las vueltas que da en 15 años. La Cristina que hoy comparte su historia aquí, una mujer felizmente casada, de 45 años y con hijos, no tiene nada que ver con la que vivía en 2005 en Granada. Al más puro estilo de Amy en la americanada ‘Y de repente tú’, Cristina disfrutaba de la vida libre de promesas románticas y sin ataduras. Usaba a los hombres como clínex. Entonces tenía 30 años y era soltera. “Estaba cansada de los granadinos (yo soy gallega), de lo farfollas que son y sobre todo de que no buscan ningún tipo de compromiso. Mi vida en ese momento a nivel laboral era muy buena, tenía un buen sueldo y vivía bien. Salía prácticamente todos los fines de semana. Mis relaciones eran bastante promiscuas, no solía repetir dos veces con el mismo tío, a no ser que me lo encontrara de madrugada después de muchos excesos y volviese a caer. Simplemente hacía lo que me habían hecho a mí durante un buen puñado de años: una noche de buen sexo (o no), y si te he visto no me acuerdo”.

Tan cansada estaba Cristina de esta situación, que decidió pagar a los hombres con la misma moneda: “Llegué al punto que si el tío era muy pesado, o no satisfacía mis necesidades, o simplemente no se le ponía dura, me levantaba, me vestía y me iba a mi casa”.

Confiesa que para ella “no hay límites en el sexo”. Una noche lo probó, y con un completo desconocido. Esta es su historia:

Un viernes por la noche quedé con unos amigos en su casa para salir y allá que me fui con la moto. Nos trasladamos a la casa de otro de los amigos en un pueblo del cinturón de Granada. Fumamos, bebimos,… nos pusimos hasta arriba. Bien entrada la madrugada mis amigos se fueron a dormir y a mí me toca estar en el salón por que no tenía vehículo para volver a la capital.

Puse la televisión. A esas horas de la madrugada ya solo quedaban esos chats que publicaban en los que la gente buscaba sexo con una película porno de fondo. Yo quería recuperar mi moto e irme a mi casa a dormir y entonces se me ocurrió: ¿Y si mando un mensaje con el que pille a algún incauto que me recoja y me lleve a recoger mi moto? ¡Y lo envié! Pocos minutos después un chico, Nacho, me contestó y me recogió…

Me puse los zapatos y bajé a esperar a ese desconocido incauto que venía a recogerme a las mil de la madrugada a un pueblo perdido, ¡y apareció! Con el ciego que llevaba encima, tras esperar con el fresquito en la calle había mejorado considerablemente. Pude observar que el muchacho no estaba nada mal: madurito, moreno, alto, ojos negros, pelo rizado, nariz chata,… muy atractivo el chico. Pero yo tenía un propósito: recuperar mi moto y volverme a casa. Vamos, que no tenía ninguna gana de echar un polvo a pesar de que estaba en un momento de mi vida que utilizaba a los hombres como si fueran clínex.

Nacho resultó ser muy educado y muy interesante. Cuando llegamos a la moto le dije: “Ve delante que yo te sigo”. Y lo seguí hasta que llegó una rotonda, el siguió recto y yo giré a la derecha. Fue muy emocionante por que pensé que vendría a buscarme y empecé a callejear hasta que llegué a casa y guardé la moto en el garaje.

Pensé que el chico tendría que estar pensando “tremenda hija de…” Lejos de eso, estuvo llamándome unos días y yo no le contestaba al teléfono. Hasta que lo hice. Muerta de la vergüenza, me disculpé por haber hecho eso, yo no soy así.

Quede con él en un bar, a la vista de todo el mundo. Nos echamos unas risas. Juramos que nunca le contaríamos a nadie cómo nos habíamos conocido. Resultó ser mucho más interesante y a estar mucho más bueno si cabe que aquella primera vez que lo había dejado tirado como una colilla. Y, por supuesto, nos acostamos muchas, muchas, muchas veces. Un amante excepcional, solo quedábamos para hacerlo. Era muy bueno (digo yo que seguirá siéndolo), muy buen amante con un miembro acorde a su altura. Sensual, sexual, bondage,… Nadie nunca jamás ha vuelto a comérmelo como él. NADIE. Así que imagínate cómo lo recuerdo y con que frecuencia.

Realmente conocer de esa manera a una persona no es lo más ortodoxo ni si quiera para mí que era experta en hacer locuras. Lo que supuso fue conocer a alguien totalmente opuesto a mí que me llenaba tanto sexualmente (era una verdadera máquina en la cama) como intelectualmente. Un tío culto, con una conversación muy interesante y del que aprendí mil cosas.Seguimos en contacto, desde el respeto. Mi vida ha cambiado por completo, ya ni si quiera vivo en Granada. Estoy casada, pero de vez en cuando hablamos para recordar… Él se me insinúa y yo me dejo. Ambos nos tenemos ganas aunque ahora no pueda ser, pero es como que los dos dejamos la puerta abierta.

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2 Comentarios en Relato erótico (XVIII): Sexo desconocido

  1. Vanesa
    13 abril, 2016 at 7:37 pm (1 año hace)

    Muy interesante el relato, la verdad que es un forma original de conocer a una persona, y lo bueno sobre todo que al dejar tirado al chico en la primera ocasión, luego el morbo y el interés seguro que ha crecido tanto por parte del chico como de ella.

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  2. CAPRICHOYPLACER
    29 marzo, 2017 at 1:04 pm (6 meses hace)

    Me ha encantado el relato erótico…una forma diferente de enfocar el sexo con otra persona

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