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No es un sex-shop, es cultura sexual

Entre la calle Mesones y Alhóndiga, en Sierpe Baja, se encuentra un pequeño y novedoso rincón que despierta la curiosidad de muchos al pasar por su escaparate. “Me acerco a ti, sientes mi calor a tu lado. No te he rozado, pero notas mi presencia cercana, muy cercana. Voy a besarte”. Palabras que se leen en el cristal tras el cual se observan los libros, “¿una nueva librería?”, piensan algunos hasta que echan un vistazo general: “¿Condones? ¿Vibradores? Pero, ¿esto qué es?” Y atraídos por esa curiosidad que busca Ana López Talavera, una joven sexóloga de 30 años, entran a Punto T.

Ana López posa junto a su modesta librería erótica. :: R. R. G.

Para desconocimiento de la mayoría el Punto T es la parte del cuerpo que más placer le produce a cada uno independientemente de los genitales. Por eso Ana eligió ese nombre: “Está el Punto G en la mujer, el Punto P en el hombre, pero no quería diferenciar los géneros ni tampoco a heterosexuales de homosexuales. Y esa zona la poseemos y disfrutamos todos”.

La esencia de Punto T radica en normalizar la cultura sexual “porque todos estamos un poco pegados en este tema”, asegura Ana. Lejos de parecerse a un sex-shop, aunque también haya en sus estanterías vibradores, bolas chinas y demás artículos con los que jugar y disfrutar de las relaciones sexuales, la mejor forma de acercar esa cultura es a través de la literatura erótica acompañada por otros servicios como la terapia sexual tanto individual como en pareja.

El broche elegido por Ana para Punto T, el muro de los preservativos “necesarios para disfrutar de unas relaciones sexuales plenas”. La joven sexóloga comenzó a buscar decenas de condones de colores para componer el cuadro de resina que pesa “ciento y pico kilos” y reina en este rincón donde la sexualidad se vive como lo que es, algo “bonito, natural y placentero”.

Sadomasoquismo: cuero y dominación al servicio de los amantes

Sadomasoquismo: un mundo por conocer. Toma su nombre del marqués de Sade, escritor parisino del siglo XVII, y se explica como la tendencia de aquel o aquella que disfruta sexualmente con el dolor ajeno. Las obras del popular literato como ‘Justine’, ‘Juliette’, ‘Filosofía en el tocador’, entre otras, recrearon situaciones eróticas de generación de dolor, todo un terremoto para la época (murió en 1814). Así se definió sadismo. El masoquismo, por su parte, tomó su nombre de Sacher Masoch y consiste en encontrar el placer sexual asociado al propio dolor o a la degradación. En su ‘Venus de las Pieles’, Sacher Masoch, escritor austriaco muerto en 1895, ilustra la satisfacción que se siente el ser agredido.

¿Y hoy en día cómo se entiende el Sadomasoquismo? ¿Puede ser nocivo o por el contrario constructivo y placentero? Muchos estudios reflejan que es un gran complemento al sexo común si está bien estructurado y el resultado se halla en que las parejas que gustan de estas prácticas suelen sentirse muy felices y muy amados por sus compañeros de cama. El problema puede manifestarse cuando el sádico no reconoce su tendencia y busca como norma el dolor de la persona amada sin reconocerlo. O también cuando el masoquista busca ser degradado o castigado sin que su oponente lo desee.

Leer antes de hacer

El Sadomasoquismo, como hemos comentado, se basa en una relación dominante/dominado, pero todo lo que no sea la aprobación ajena supondría una agresión en toda regla, sin excepciones, por lo que la víctima tendría derecho a denunciar por agresión a su integridad física y/o por agresión sexual.

Sus técnicas

Lo primero de todo: conviene aclarar que el ‘bondage’ no es lo mismo que el Sadomasoquismoo. El uso de esposas, e incluso de látigos, es una forma de amenizar la vida sexual en la actualidad pero el auténtico sado va mucho más allá. Apunten: necesita una puesta en escena particular, conformando una figuración hecha a sus propios deseos de dolor, característica que hace que esta práctica sea muy frecuentada en clubes especializados. En ellos, cada miembro se viste con prendas que le otorgan un estatus determinado y se sirve para ello de diversos instrumentos: desde máscaras hasta esposas pasando por cuerdas o cadenas, látigos, fustas… No hay casi margen para la exclusión.

Una vez conformado el vestuario y el ‘atrezzo’, el ‘maestro’ se entrega a todo tipo de rituales para someter a su “esclavo”. Comienza la relación de dominación total, llegando incluso a la humillación. ¿Cómo lo consigue? Pues obligando a su pareja a adoptar posturas desagradables, atándola para controlarla mejor, utilizando la violencia verbal con insultos de todo tipo y aplicándole torturas físicas: como la flagelación u otros métodos más arriesgados. Situándonos en los casos más extremos, agárrense, el Sadomasoquismo puede derivar en mutilaciones mucho más severas, como piercings, tatuajes, o incluso sacrificios y quemaduras.

Sus aficionados

Hay que resaltar que el verdadero sado, el que puramente dañino, sigue siendo una práctica marginal, pese a la creciente curiosidad que supone romper la monotonía, llevar a cabo una fantasía o dar placer a su pareja buscando experimentar con nuevas técnicas y dando un paso adelante en la cama. Las mujeres, en muchas ocasiones se erigen en protagonistas y pasan a ejercer la práctica dominante, dando la razón al propio marqués de Sade que sostenía que una sola hembra era capaz de dar placer a cinco varones.

Críticas

Existen algunas, por ejemplo la de la Medicina que sostiene que este tipo de prácticas no son seguras y afirma que el sadismo proviene de una patología psiquiátrica severa. Pero hay que aclarar en este punto que encontrar a un sado real y puro en sus intenciones es muy bajo ya que el juego’ viene definido por la complicidad y el consentimiento de la pareja. En este sentido, la seguridad va por encima de todo y tener especial cuidado con el equilibrio mental de quien lo lleva a cabo.

Volvamos a la realidad

Lo afectivo no está reñido con las humillaciones y agresiones que se producen en la intimidad. Es más, hay una confianza fuertemente sustentada para con el otro, por lo que los lazos no hacen otra cosa más que estrecharse. Es esta la razón por la que son las parejas estables quienes se animan más a introducirse en el mundo del sadomasoquismo, cayendo el número de ‘jugadores de intercambio’ que lo practican. Eso sí, como toda práctica sexual, los sentimientos pueden navegar por otra parte.

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