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Intercambio de parejas en Granada: fieles al sexo

«¿Tú y yo y él con ella?». Cuatro pronombres y ni un solo verbo para despertar la libido. Pese a la ristra de posibilidades que guarda la primera conjugación, las dos parejas mantienen un diálogo contenido, eligiendo sus palabras con mimo y delicadeza, sin excederse en las confianzas. «Se trata de encontrar gente con la que puedas congeniar sin parecer desquiciados sexuales», explican. La tenebrosa luz del local no dista mucho de cualquier pub del Centro de Granada. De hecho, un vistazo alrededor de la barra es suficiente para encontrar charlas, risas, brindis y vasos a medio camino de ser otra ronda. Pero las intenciones, aquí, son más explícitas. Más físicas. (más…)

Erotismo refrescante en verano

La pasión se dispara en verano. El sol broncea las pieles, se viste más ligeros de ropa, relajados por las vacaciones, el calor, la luz,… Estímulos que aumentan la actividad sexual en esta época. La temperatura sube por sí sola al sentirse atraídos o excitados por alguien. Y más que aumentará al hacer el amor. Practicar sexo en la ducha, en la playa, jugar con helados, probar diferentes posturas son algunas de las alternativas que propone Ana López Colmenero -sexóloga jienense, residente en Granada, especializada en género-, para que no resulte tan caluroso hacer el amor, además de divertido. (más…)

Tuppersex: La más picante juguetería del placer

“En esta casa tenéis la silla del orgasmo”, comienza Alberto, el señor del Tuppersex. “¡Y nosotros sin saberlo!”, exclama Claudia, la anfitriona que ha organizado esta peculiar reunión. Un grupo de diez mujeres y un chico cambian su jueves fiestero en Granada para disfrutar de este espectáculo que arranca con buena pinta.

Alberto abre el maletín donde guarda todos los juguetes sexuales que irá mostrando a su público, al que promete que “será un auténtico show de algo más de dos horas, en el que me tenéis que obedecer, y además os quitaré una idea primitiva: el sexo no es solo penetración“. Y por supuesto, su misión principal es la de vender todo lo que pueda.

Como hipnotizados por el aroma de la vela que ha encendido el señor del Tuppersex, los presentes le siguen el juego. Empieza sentando a la anfitriona en la silla del orgasmo, situada en medio del público. Le pone las manos tras la espalda para colocarle “las esposas de pelitos, un juguete para llevar la situación en la cama al extremo”, dice Alberto mientras le planta también un antifaz para impedirle la visión. Afirma, como futuro sexólogo, que estas condiciones en las que la persona ni ve ni puede hacer nada con las manos son una de las más excitantes y fantasiosas: ser sometido o someter a tu pareja. Pide a los allí presentes que elijan una zona del cuerpo de la anfitriona en la que pintarle con el rotulador de chocolate y como ni ve ni puede tocar, tendrá que adivinar quién es la persona que le quitará con su boca ese dulce de su cuello.

Las risas y las vergüenzas se dejaban ver rápidamente. Otro de los juegos para romper el hielo, consistía en que cada uno escribiera de forma anónima una duda que tuviera sobre el sexo, “o preguntas comprometidas si queréis fastidiar a alguien”, metía cizaña Alberto para hacer más picante el juego. Mientras unos escribían, otros iban probando el gel ‘Fruity love’ para masajes. De varios sabores, fresa, sandía, vainilla, canela,… La gracia de este producto, antes de proceder al masaje, consiste en soplar suavemente por toda la zona donde se haya extendido. “¿Notáis la sensación?”, pregunta el señor del Tuppersex que ha puesto una pequeña cantidad en las manos de los once reunidos. “Da calorcito”, responden varios de ellos. Es un gel que produce calor al contacto de la piel y al soplar, y cuenta con la ventaja de que se puede comer, así que dejen volar su imaginación, “un factor fundamental para poder disfrutar plenamente del sexo, además de la confianza”, afirma Alberto.

“La fantansía más rara y que no te atreves a decir” salió de la bolsa de las preguntas mágicas. Una de las presentes trabaja en el hospital y confesó que le gustaría hacer el amor en la sala de ginecología, en ese cacharro donde examinan a las mujeres espatarradas. Los aplausos ante su valentía por revelar su secreto erótico festivo se sucedían. “¿Pones cara de porno porque crees que le gusta a tu chico?”, fue otra de las más ovacionadas porque a la susodicha le tocó delante de todos interpretar esa expresión, tras muchos “¡qué vergüenza!”. Al igual que otra invitada tuvo que explicar, consolador en mano, cómo masturbaría a un chico, fuera con la mano, fuera con la boca. Para más ‘inri’, previo a esto Alberto la vistió de conejita de Playboy haciéndole creer que iba a probar un juguete de suaves descargas eléctricas (tenía los ojos tapados). Tras la tensión de pensar que se iba a electrocutar, grande fue el relax y las carcajadas.

Mientras el señor del Tuppersex desarrollaba todo su espectáculo, canturreaba los precios de los diferentes productos cuál comerciante y sobre todo animaba a que los presentes los probaran in situ con las papilas gustativas (si se traba de alguna crema, lubricante o gel), con el tacto de las manos, a excepción de algún juguete indicado para el clítoris que una chica probó en la silla del orgasmo a las órdenes de Alberto y sobre los pantalones. Ni mucho menos había nadie desnudo.

La esponja de baño vibradora; la muñeca Kokeshi, perfecta para decorar y que nadie se dé su cuenta de su verdadera utilidad; las bolas chinas (que sirven para desarrollar los músculos pélvicos y con miras al futuro, evitar las pérdidas de orina); las bolas tailandesas; el dilatador anal, para el que se atreva con esta faceta del sexo, y un largo etcétera.

Aquella noche Alberto hizo el agosto vendiendo desde las velas aromáticas cuyo aceite sirve para dar masajes (puede jugar a echarle la cera caliente a su pareja y tras el susto, un sensual mansaje porque no quema nada de nada), los geles o lubricantes, hasta el Ocean, el consolador que más éxito tuvo en esta reunión, no se sabe si por su función o por ser de los pocos en el mercado con batería de litio: “Hazme caso, te sale más a cuenta llevarte este que el otro. No sabes el dinero que me gasto en pilas”, insistía mucho una de las presentes para convencer a otra.

Para los hombres existen muy pocos productos y “son muy aparatosos”, comenta Alberto. Las ventajas de este tipo de reuniones es que las mujeres no tienen que enfrentarse al sonrojo que les puede causar el ir a un sex shop. De esta forma la diversión, la emoción y la educación sexual que comparten entre todos está garantizada. Y pensar que las reuniones en casa de mujeres comenzaron con el Tupperware.

Sadomasoquismo: cuero y dominación al servicio de los amantes

Sadomasoquismo: un mundo por conocer. Toma su nombre del marqués de Sade, escritor parisino del siglo XVII, y se explica como la tendencia de aquel o aquella que disfruta sexualmente con el dolor ajeno. Las obras del popular literato como ‘Justine’, ‘Juliette’, ‘Filosofía en el tocador’, entre otras, recrearon situaciones eróticas de generación de dolor, todo un terremoto para la época (murió en 1814). Así se definió sadismo. El masoquismo, por su parte, tomó su nombre de Sacher Masoch y consiste en encontrar el placer sexual asociado al propio dolor o a la degradación. En su ‘Venus de las Pieles’, Sacher Masoch, escritor austriaco muerto en 1895, ilustra la satisfacción que se siente el ser agredido.

¿Y hoy en día cómo se entiende el Sadomasoquismo? ¿Puede ser nocivo o por el contrario constructivo y placentero? Muchos estudios reflejan que es un gran complemento al sexo común si está bien estructurado y el resultado se halla en que las parejas que gustan de estas prácticas suelen sentirse muy felices y muy amados por sus compañeros de cama. El problema puede manifestarse cuando el sádico no reconoce su tendencia y busca como norma el dolor de la persona amada sin reconocerlo. O también cuando el masoquista busca ser degradado o castigado sin que su oponente lo desee.

Leer antes de hacer

El Sadomasoquismo, como hemos comentado, se basa en una relación dominante/dominado, pero todo lo que no sea la aprobación ajena supondría una agresión en toda regla, sin excepciones, por lo que la víctima tendría derecho a denunciar por agresión a su integridad física y/o por agresión sexual.

Sus técnicas

Lo primero de todo: conviene aclarar que el ‘bondage’ no es lo mismo que el Sadomasoquismoo. El uso de esposas, e incluso de látigos, es una forma de amenizar la vida sexual en la actualidad pero el auténtico sado va mucho más allá. Apunten: necesita una puesta en escena particular, conformando una figuración hecha a sus propios deseos de dolor, característica que hace que esta práctica sea muy frecuentada en clubes especializados. En ellos, cada miembro se viste con prendas que le otorgan un estatus determinado y se sirve para ello de diversos instrumentos: desde máscaras hasta esposas pasando por cuerdas o cadenas, látigos, fustas… No hay casi margen para la exclusión.

Una vez conformado el vestuario y el ‘atrezzo’, el ‘maestro’ se entrega a todo tipo de rituales para someter a su “esclavo”. Comienza la relación de dominación total, llegando incluso a la humillación. ¿Cómo lo consigue? Pues obligando a su pareja a adoptar posturas desagradables, atándola para controlarla mejor, utilizando la violencia verbal con insultos de todo tipo y aplicándole torturas físicas: como la flagelación u otros métodos más arriesgados. Situándonos en los casos más extremos, agárrense, el Sadomasoquismo puede derivar en mutilaciones mucho más severas, como piercings, tatuajes, o incluso sacrificios y quemaduras.

Sus aficionados

Hay que resaltar que el verdadero sado, el que puramente dañino, sigue siendo una práctica marginal, pese a la creciente curiosidad que supone romper la monotonía, llevar a cabo una fantasía o dar placer a su pareja buscando experimentar con nuevas técnicas y dando un paso adelante en la cama. Las mujeres, en muchas ocasiones se erigen en protagonistas y pasan a ejercer la práctica dominante, dando la razón al propio marqués de Sade que sostenía que una sola hembra era capaz de dar placer a cinco varones.

Críticas

Existen algunas, por ejemplo la de la Medicina que sostiene que este tipo de prácticas no son seguras y afirma que el sadismo proviene de una patología psiquiátrica severa. Pero hay que aclarar en este punto que encontrar a un sado real y puro en sus intenciones es muy bajo ya que el juego’ viene definido por la complicidad y el consentimiento de la pareja. En este sentido, la seguridad va por encima de todo y tener especial cuidado con el equilibrio mental de quien lo lleva a cabo.

Volvamos a la realidad

Lo afectivo no está reñido con las humillaciones y agresiones que se producen en la intimidad. Es más, hay una confianza fuertemente sustentada para con el otro, por lo que los lazos no hacen otra cosa más que estrecharse. Es esta la razón por la que son las parejas estables quienes se animan más a introducirse en el mundo del sadomasoquismo, cayendo el número de ‘jugadores de intercambio’ que lo practican. Eso sí, como toda práctica sexual, los sentimientos pueden navegar por otra parte.

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