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Relato erótico III: “El deseo sexual por su madurez y experiencia me arrastraron a él”

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Mónica y Richard es una escena de la serie ‘Friends’.

Julia es una joven de 33 años, con una vida sexual activa y satisfactoria. Nunca pensó que pudiera sentirse atraída por un hombre 20 años mayor que ella y mucho menos llegar a tener relaciones sexuales. Pero el fuerte deseo, el morbo de lo prohibido, fueron más fuertes que cualquier obstáculo. Aquí nos cuenta Julia su historia:

Nunca había necesitado más, estaba satisfecha con mi matrimonio y un hijo de tres años. Era feliz. Pero entonces llegó Pedro, un hombre atractivo, maduro, de 51 años. Jamás pensé que pudiera sentirme atraída por alguien de su edad. Trabajábamos en la misma oficina, y no sé como una mañana de primavera me encontré con su cabeza entre mis piernas suplicando que no parase y deseando que no terminase jamás.

Todo empezó poco a poco. Como con cualquier compañero hablábamos del día a día. Pero una mañana comencé a mirarlo diferente. “Este hombre está muy bueno, ¡pero dónde vas, que tienes 33 años!”, me decía a mi misma. ¿Cómo se iba a fijar en alguien como yo?

Los días pasaban y cada vez le deseaba más. Observaba cómo se quitaba las gafas y mordía su patilla. Me volvía loca pensando que fuesen mis labios los que mordiera, me perdía observándolo e imaginándome entre sus brazos. Y el atractivo de su madurez me enloquecía, deseaba encontrármelo por los pasillos y que me rozase, necesitaba sentirle.

Una noche apareció en mis sueños, un sueño húmedo. A la mañana siguiente, tras pensármelo mucho, le escribí un email con todo el descaro del mundo, contándole con pelos y señales el sueño, cómo nos tocábamos, nos besábamos, el pedazo de polvo que echamos. Le di a enviar y me di cuenta del grave error que acababa de cometer… “Eres tonta Julia, eres tonta. Está casado, con hijos, por qué se va a fijar en ti…” Su respuesta llegó. Fue demoledora. Agradecía el halago, pero estaba casado.

Durante un tiempo nos evitamos, hasta que una mañana recibí un email de Pedro muy, pero que muy subido de tono, con todas las cosas que deseaba hacerme en la cama. Me dijo que no podía dejar de pensar en mí, que me deseaba y quería verme. Todo aquello era una locura, pero la tensión sexual era enorme. Jamás me había pasado nada similar. De repente me vi llamando a su puerta, deseosa y a la vez temblorosa, por lo prohibido de toda esa situación. Deseaba que me besare, que me cogiese con fuerza… Abrió la puerta y nada más cerrarla me puso contra ella. Agarró mis manos y me besó con fuerza, con pasión y mucho deseo. Yo notaba la excitación de su sexo y la humedad del mío, hacía muchísimo tiempo que no estaba tan, tan excitada. Me subió a sus caderas, agarrándome fuerte del culo y sin parar de besarme me tiró al sofá. Me quitó los pantalones y hundió su lengua en mi sexo, sin parar de moverla me dio el mayor de los orgasmos de toda mi vida. Aún estaba temblando del orgasmo que acaba de darme cuando se incorporó y ya lo tenía dentro de mí, moviéndose con fuerza y firmeza. Podía sentir su deseo ardiente en cada movimiento, mis gemidos se mezclaban con los suyos, con mis gritos de placer y con los besos que los ahogaban.

Tras ese encuentro, casa uno siguió con sus vidas. Hace tiempo que no trabajamos en la misma oficina. Yo sigo con mi marido, al que quiero mucho y del que estoy enamorada. Esa mañana de pasión con Pedro solo fue deseo, atracción y sexo con una persona 20 años mayor, que creí que serían un obstáculo y no lo fueron. Su madurez y experiencia me llevaron a él. Su madurez y mi juventud fueron claves para disfrutar como nunca haciendo el amor.

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Relato erótico II: “Me gusta jugar, usar mi boca y hacerlo a diario”

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Lía es una mujer de 32 años, con pareja desde hace unos cuantos. En las relaciones sexuales le gusta el juego, usar la boca, llevar la iniciativa, probar posturas y los juguetes eróticos. Pero nada de esto le gusta a su pareja, con todo se alarma: “Me hizo pensar que estaba enferma, tener pudor, como si las mujeres no tuviéramos permitido jugar. Si te gusta mucho el sexo eres ninfómana, y yo no estoy enferma. Me parece que tener sexo es de lo más sano y te hace feliz”, cuenta Lía. Su pareja es muy pasiva en la cama, no sale de la postura del misionero, y como mucho lo hacen una vez a la semana: “Hasta he llorado porque yo quería tener sexo y mi pareja no”.  (más…)