Cuando se inicia una relación, incluyendo el factor sexual, todo es maravilloso, van los tortolitos flotando sobre las nubes. Esa primera vez en la cama –o donde encarte- surge ese gusanillo de “qué hago, me dejo llevar, tomo yo la iniciativa o la toma él”. A medida que la relación se va afianzando con el paso del tiempo, muchas parejas continúan con esa magia y pasión que solo con las sonrisas delatadoras y las miraditas que se echan no hacen falta ni preguntar qué tal les va.

Por el contrario, algunos novios o matrimonios se pierden por el camino al caer en la rutina de ignorar los deseos del otro, lo que conlleva una falta de comunicación. Son factores que van de la mano y además claves por las que una relación se puede estancar. Fue el experto Helen Kaplan quien definió el modelo de respuesta sexual humana reestructurándolo en: deseo, excitación y orgasmo. Este deseo es un componente de la formulación de pensamientos, fantasías sexuales y motivación, lo que puede ser espontáneo o no.

Ojo, no estamos hablando de que un día no haya ganas de hacerlo o que ellos siempre tienen ganas y las ellas con las que ponen las pegas (eso dicen). Si no de que la persona que tanto te atraía, te ponía a cien y deseabas tener un momento de intimidad en el que derrochar imaginación, ahora pase por tu lado y ni te inmutes. En general, toda persona que disminuye su frecuencia sexual considera que el deseo está mermado; pero la frecuencia, por sí misma, no es una variable para medir la capacidad de desear.

Existen diferentes tipos de deseos que se han clasificado según los estudios realizados a lo largo de la historia de la sexología. El primero de ellos es el deseo sin objeto. Tiene mucho que ver con las hormonas (la testosterona). La mujer tiene la sensación subjetiva de desear pero no a una persona en especial. Esta forma, que se puede denominar impulso, se activa justo antes o después de la menstruación. Después está el deseo romántico que es la forma de desear muy centrada en el objeto, es decir, por alguien en concreto. Y el deseo postexcitatorio, en el que la mujer comienza las relaciones sexuales sin tener deseo y se activan después de un proceso de excitación. Es la forma más frecuente de desear entre mujeres mayorcitas, con experiencia en la cama.

En las relaciones sexuales no todo es físico, el aspecto psicológico también juega un papel muy importante. Por ello hay diversidad de causas por las que se puede tener pérdida del deseo sexual. Desde los propios problemas entre la pareja que se ven reflejados en la cama, la intimidad, alguna medicación, alteraciones hormonales, así como los inductores externos del tipo: relación con los padres deteriorada, inseguridad en el rol psicosexual durante los primeros años de las relaciones sexuales, hasta la propia educación que se haya recibido influye entre la multitud de factores que existen. Bien es cierto que estos elementos se dan más en las mujeres que en los hombres.

Descenso del deseo sexual en el hombre

La prevalencia de una baja libido en el hombre es del 5%, aumentando con la edad -sobre todo a partir de los 40 años- y frecuentemente acompañada de otros trastornos sexuales. En varones es tratado de forma errónea como una disfunción eréctil. Algunas de las causas que intervienen en los hombres coinciden con las anteriores comentadas para las mujeres como son los efectos de ciertos medicamentos o lo básico, problemas en la relación. Incluso otras disfunciones sexuales como el miedo o la humillación. Pero hay más razones por las que un hombre tiene falta de deseo sexual:

  • Alcoholismo: el consumo crónico de alcohol disminuye los niveles de testosterona en sangre, lo que lleva a disminución de la libido.
  • Las drogas recreativas: aunque inicialmente estimulan la libido, al final ejercen un impacto negativo sobre la habilidad de conseguir una erección funcional.
  • Depresión: los hombres deprimidos tienen menor deseo sexual, peor autoestima y menos satisfacción sexual.
  • Deficiencia de testosterona: causa en los hombres un descenso de la libido y de la energía, así como pérdida de masa muscular, osteoporosis y caída del vello sexual e, incluso, impotencia.

Siempre se habla de grandes proezas en la cama, la postura con la pierna a 90 grados, cuando todos tenemos fantasías sexuales y no somos capaces ni de decirlas. Pues algo tan simple como hablarlo o hacer realidad dichas fantasías, es una forma de reactivar la chispa que se puede ver reforzada por lo ‘prohibido’, como hacerlo en algún lugar público, o el misterio de lo desconocido, la novedad