Ilustración francesa del siglo XIX de la gran epidemia de pornografía
Ilustración francesa del siglo XIX de la gran epidemia de pornografía

Los gemidos exagerados, las posturas imposibles (parece que hay que ser atleta o contorsionista para realizarlas), la dominación, los genitales en primer plano, las caras de gozo de los actores… es lo que ofrece la pornografía. Toda esa combinación, unido a los personajes ficticios de cuerpos esculturales, hace que el ser humano se excite. Sin más, es una reacción natural. Especialmente en los hombres. Tal y como contara la escritora Naomi Wolf, el porno estimula en un plazo muy corto la segregación de dopamina en el cerebro masculino, “lo que afecta al humor, provocando una sensación de bienestar” que dura una o dos horas.

Observar a los actores porno, sean profesionales o amateurs, mientras practican el coito provoca el placer del receptor: ver cosas que quizá no puedes hacer desata la imaginación, pensar que cualquiera de las escenas la recreas con tu pareja (o con al actor / actriz en cuestión) sube la temperatura. Exagerado o no, el porno es un placentero entretenimiento e incentivo para las relaciones sexuales, puesto que logra su fin: provocar la excitación sexual, y eso, en mayor o menor medida, engancha. La pornografía “complace no solo por estimular el apetito sexual o el deseo, sino que ayuda a generar representaciones sexuales y fantasías”, afirma la sexóloga Silvia Gómez.

Aunque la pornografía es casi tan antigua como la vida misma, alcanzar este “buen” concepto ha costado siglos. Desde los dibujos de la prehistoria, los grabados en la época griega, hasta llegar a la primera fotografía en 1890 donde una mujer aparece realizando sexo oral a un hombre. Pero es el cine lo que verdaderamente revolucionó el mundo del porno: imágenes más reales con las que lograr un mayor estímulo que, según Silvia, “desmitifican prácticas sexuales y se muestran al mundo como normales”. Y si a su historia sumamos la aportación de Internet, las escenas porno quedan al alcance de todos con la ventaja de disfrutarla en privado.

Hombres y mujeres

Por otro lado, será más común escuchar a un hombre hablar del porno que a una mujer. Quizá la culpa sea de la propia industria tradicional que “tiene influencias claras del patriarcado, las representaciones tienden a ser sexistas”, apunta la sexóloga. Opinión compartida por otros muchos expertos puesto que existe una gran cantidad de imágenes en la que “la mujer pasa de ser un sujeto activo donde disfruta del placer, a ser un objeto para satisfacción del hombre”. Es más, a muchos hombres les gusta ver cine porno con su pareja para disfrutar del efecto que provoca. Por lo general, una alta subida de temperatura que desemboca en la relación sexual.

Todo ello crea un camino de fantasía erótica que se repite bastante en ellos. Ver a dos mujeres, lesbianas o no, haciéndolo. Una señal psicológica de la excitación en el hombre es el placer sexual femenino, así que ver a dos mujeres besándose duplica las claves visuales y obtienen el doble de placer.

Las mujeres, por lo general, prefieren historias eróticas a la pornografía visual, y eso que no son pocas las parejas que disfrutan juntas viendo porno. Para las mujeres una novela erótica o romántica tiene más fuerza que cualquier otro tipo de erotismo. Pero las féminas también tienen su parcela en este ámbito gracias a artistas como la directora de cine porno para mujeres Erika Lust. Ella misma afirma que en sus películas se puede ver “el placer de las mujeres de una manera distinta al cine hecho por hombres. En el cine de mujeres queremos vernos a nosotras mismas pasar un buen rato”. Erika Lust utiliza personajes mucho más cercanos a la vida real. Lo que pretende esta directora es “transmitir la emoción del acto sexual. Quiero mostrar la intimidad, la conexión, la pasión y el momento. No me interesa tanto la penetración, sino mostrar coreografías y sensaciones”.

Aunque haya cambiado su concepto a lo largo de la historia, el fin está claro: despertar el deseo sexual y llevarlo al placer. Y tú, ¿compartes que alguien se ponga observando cómo lo hacen unos personajes de ficción o amateurs? ¿Tiene sentido verlo en pareja? ¿Es más de hombres, o de mujeres?

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Twitter: @RocioRGavira