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Matías es un hombre de 32 años, casado, al que le encanta tener nuevas experiencias en el sexo. Perdió la virginidad a los 17 años y desde siempre le ha gustado disfrutar del sexo de todas las maneras: improvisando, experimentando, jugando, dejando volar su imaginación y sumergiéndose en su mundo de excitación personal y compartida. Hace unos años comenzó a mantener conversaciones subidas de tono con otras mujeres, algo que según él mismo, le ha servido para saber los gusto de ellas en la cama. Esta es su historia:

Me cuido desde los 18 años, voy al gimnasio, tengo un cuerpo atlético y disfruto muchísimo del sexo en pareja. Si hay algo que me hace disfrutar del sexo es la excitación de una mujer, especialmente cuando una mujer se masturba, porque es su momento de erotismo íntimo, ese momento que nadie puede interceder entre ella y su placer. Está claro que la primera vez que tenemos sexo es con nosotros mismos, luego hay personas que a lo largo de su vida empiezan a considerar el hecho de masturbarse como un fracaso en el sexo, pero eso no es así. La autosatisfacción suele ser un momento personal, relajante y sobretodo sincero. Disfrutas lo que te gusta, dándote tiempo, ritmo, soltando la imaginación, jugando y disfrutando. Pero también es cierto que tengo mis momentos de soledad, de necesidad de autocomplacerme, de disfrutar de mí mismo con mi imaginación.

Hace unos años hablando con una antigua compañera de estudios por Internet, sin darnos cuenta, estábamos hablando con dobles sentidos sobre sexo y cada vez el tono de la conversación era más excitante, porque ambos participábamos libremente con nuestra imaginación. Hablamos de lo que nos gustaba hacer y que nos hicieran y eso nos llevó a un estado de excitación máximo e ilógico. Esa chica no me atraía para nada, pero me excitaba que me contara que se había excitado tanto que tenía el tanga húmedo y que le apetecía mucho masturbarse mientras hablábamos de sexo. Lógicamente yo estaba igual, estaba teniendo erección y me estaba empezando a frotar por encima del pantalón. Fue algo extraño, tan extraño y no buscado que jamás volví a verla, ni a hablar con ella. Pero a su vez me pareció algo único, no repetible. Dejó una estupenda sensación de placer en mi mente, había disfrutado con una chica y ella conmigo sin contacto, pero sintiendo cada palabra que escribíamos.

Tengo pareja pero hay cosas en el sexo, que por desgracia, con el tiempo no se permiten, y si mi pareja no es de experimentar cosas nuevas y es bastante convencional en la cama, mis deseos en buscar esa vía de escape se acrecienta. No es algo que no haya intentado hablar con ella, muy al contrario, lo he hecho muchas veces, pero debo respetar su manera de experimentar el sexo y comprendo que no hay nada más que hacer. Todos tenemos nuestras propias pasiones ocultas para no asustar a otros muchos que son más “normales” o piensan diferente o simplemente no se atreven a reconocer. Para mi estas conversaciones son complementarias a mi matrimonio. Es una manera de no sentirme infiel, todo lo que no sea físico no es infidelidad. Es una ventana por dónde tomar aire fresco. Es algo que encontré por casualidad, me gustó y lo disfruto al mismo tiempo que hago disfrutar a las chicas con las que hablo.

Tras un tiempo, volví a retomar esas conversaciones, con otras mujeres. Sin perjuicios ni tabúes. Es divertido como ambos dirigimos muy sutilmente la conversación hacia el punto que nos interesa, haciendo amagos de dobles sentidos, y en función de la respuesta sabes si puedes o no ir directamente al grano o requiere de más tiempo para la confianza.

El sexo va muchos más allá que el coito con una mujer: es imaginación, experimentación, sensualidad e incluso en lo que a mi me concierne, tener conversaciones secretas es un punto de morbo adicional. Creo que estas conversaciones me llevan a saber qué es lo que les gusta a las mujeres porque me lo cuentan sin miedo, sin tabúes, sin vergüenza, como amigos, como amores lejanos que desean encontrarse en secreto. Esa es la clave que me permite crecer en el sexo, no únicamente en el mío porque como hombre tengo los gustos claros y básicos: siempre sin miedo a probar cosas nuevas. Aprender lo que le gusta a cada chica me hace saber en qué puedo mejorar y cómo.

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